miércoles, 20 de junio de 2007

Soledad

Hace unos días no tuve grandes planes. Debido a que sería el día del padre todo el mundo planeó citas, reuniones e incluso viajes, todo en familia. No fui la excepción y no recibí o acepté invitaciones ni proyecté una salida.

En una noche de viernes, cuando concluí todas mis actividades, me embargó una emoción extraña, mezcla de ausencia y necesidad. Me levanté y fui a navegar un rato por internet pero nada: evidentemente la vida siempre es más hermosa en la realidad que en lo virtual y sentí como si todo el mundo anduviera por ahí de francachela. Luego vi un rato la TV pero a decir verdad no puse atención a lo que la rutilante pantallita transmitía.

En el oscuro silencio y sin sueño, me abrumó el todo y el nada. Sentí el peso de la soledad que se manifestó y comprendí que me pasaba: me sentí sola, muy sola, miserablemente sola y no me gustó. Sé que me quiere la escoba y el sacudidor... mis amigos, familia y el compañero de turno quien me procura compañía pero no una pareja. No obstante, a diferencia de hace unos años, ahora no me da pena verbalizarlo, reconocerlo: me siento sola. Y decirlo me evita caer en los absurdos juegos de supermujer que todo lo puede y nada la afecta.

Sé que hay soledades peores: la del hombre que dejó de amarte y desearte por lo que suele llegar a la casa cuando ya estés dormida. La de la mujer decepcionada de su compañero y quien ya no quiere que la toque. La de los esposos que se sientan a la mesa y no se dirigen la palabra. La de los hijos que no desean tu opinión e incluso se burlan de tus comentarios...

Pero en este momento estamos hablando de mi soledad y no pienso competir ni minimizarla.

Me queda claro que aunque pase por momentos así no cejaré en mi empeño de volver a sentir profundo amor y que me profesen igual veneración y deseo. Mi hermana alguna vez me dijo que en un tris te consigues compañía, pero no una pareja; cuanta sabiduría encierran sus palabras.

En este afán de creer que en el fondo de nuestra alma todas las mujeres llevamos una princesa vestida de color de rosa, yo me niego a no ser amada y deseada y entregarme a la soledad de una jaula de oro, que resulta mucho peor.

No hay comentarios.: