Es inútil precisar el momento en el que te decides a contar una historia. En un momento estabas en la contemplación del espacio y luego dale que dale a las teclas de tu máquina de escribir. ¡Ah, porque eso, si! hay quienes seguimos creyendo que la vieja máquina y su frenético tacatacatacatacatacataca le procura cierta mística lo que en ella tecleamos, aunque también revela un poco de nostalgia por los tiempos del nunca jamás, los que no volverán…
Pero para estar aquí tuve que dejar mi máquina en su lugar y decidirme por mi PC, hoy por hoy mi más apreciada herramienta de comunicación y creación.
¿Y por qué sumarme a la comunidad blogger? Por necedidad de compartir, descubrir cómo en el simbolismo de la botella que desde tu isla lanzas a la gran mar, justamente en internet pasas de la idea a la acción como si izaras velas para llegar a distintos puertos en el mundo. Ya habrá alguien que rescate esta garrafa y lea el pliego que en ella puse; a lo mejor nada le significa y la devuelve al oleaje, o tal vez suceda que aquí encuentras una fuente de donde beber.
Así las cosas, me sumerjo en este océano, que las olas me lleven lejos, muy lejos…

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