lunes, 25 de junio de 2007

No, gracias.


Cosa rarísima es cuando los hombres empiezan a tejer alrededor de una mujer una telaraña de atenciones.

Supongamos que un día conoces a alguien en un lugar donde hacen comunidad: el trabajo, el club, una clase que cursas... y traban amistad. Un día él te invita a tomar un café. El asunto aquí es que él tiene unos veintitantos y tú más de treinta. No es un niño pero tampoco alguien que ha alcanzado lo que tú en tu discurso consideras la madurez económica, emocional y personal.

Pero decía. Digamos tú quieres pecar de ingenua y aceptas porque es tu compañero y amigo, él es tan joven (al menos respecto a ti) que no hay nada que pueda vincularlos más allá de un café: te platicará de su novia o alguna confidencia y cada quien a su casa. Desde esa primera cita él se muestra como todo un seductor. Por las historias que te narra cualquiera diría que el señor ha vivido. Además notas que te mira como lo que eres: una mujer joven, encantadora, con conocimiento de causa de lo que afirmas, con un estilo y forma de ver el mundo definido en base a tus vivencias. Pasas por alto que junta las monedas para pagar, que de repente trastabillea y se sonroja… Hasta ahí todo se mantienen en terreno firme.

Sorpresivamente no es la única vez, en otras ocasiones llama y te invita nuevamente a salir. Es ocasión de ir a un destino lejos de la ciudad y él sugiere quedarse a dormir “claro, van más amigos…”, te dice. No es tu postura escandalizarte por una situación que no presenta tentación para tu persona; además ya eres un adulta y puedes tomar tus decisiones. Esa noche es mágica por el entorno y el ambiente que el folclor nacional le imprime a un lugar donde la celebración es la meta principal. En cada paso, a cada momento, él te toma de la mano, te atiende y consiente y la pasas increíblemente bien, aunque no aceptas quedarte y regresas a casa.

El sujeto en cuestión “es lindo, al menos mucho más que los hombre de más de 30, los que han dejado de tener entusiasmo y pasión por la vida” te encuentras diciéndole a tus amigas. Ellas lanzan la obvia pregunta ¿andarías con un hombre 10 años más joven que tú? Es una cuestión que suena tentadora pero que desechas de tu mente pues piensas que aquí no es el caso ni el punto. Él es lindo pero no te apasiona.

Así las cosas las salidas se suceden. En esas citas te bombardea con preguntas sobre qué piensas tú de él, “eres lindo pero te falta crecer” te ves diciéndole, divertida por sus refunfuños. Organiza salidas en restaurantes íntimos con escapadas al antro de moda de música que toleras pero no amas. Por supuesto estrecha su manos con la tuya, te mira fijamente, te toma del talle para cruzar la calle, te manda algunos saludos a tu celular, se sugiere hacer un viaje juntos y siempre considera la posibilidad de volver a verte. En ese momento ya es obvio que algo está sucediendo pero ¿qué? la curiosidad y el placer de sentirte buscada te empuja a seguir adelante.

Un día él y te invita al cine. Aceptas. Es una linda y familiar tarde de verano. Él es lindo como siempre, te hace reír, compra palomitas, dulces, helados y juntos se sumergen en la oscuridad de la sala de cine en la que se proyecta el último éxito taquillero y que a ti ya en su anterior entrega (y se lo dices) francamente te hizo dormir. A media función él nota que te revuelves aburrida en tu asiento. De repente y no es la primera vez que sucede, te estrecha entre sus brazos donde te quedas cómodamente recargada y toma tu mano; tu no te niegas al cariño.

Para entonces ya te haz dado cuenta de que lo que ha venido sucediendo no es producto de la casualidad: él conciente y claramente ha estado encontrándote, buscándote, como queriendo despertarte. Aunque no eres indiferente, te resistes a dar un paso más hacia donde no estás convencida de que quieres ir y finges que nada pasa para retomar lo que son: dos amigos que salen juntos de vez en cuando.

Por fin anuncias que debes irte. Él dice que te acompañará. En ese transitar vuelve a la carga pero quiere ir más allá... pero ni hablar, porque tienes más de 30 y algo de experiencia, ya no te dejas llevar sin pensar en las consecuencias de sus actos. Atrás han quedado los días en los que te echabas de cabeza en una situación emocional, a costa de tí misma y sin miedo a preguntar “¿por qué está sucediendo esto?...” Y él no encuentra calificativos ni adjetivos, prosa o verso... simplemente no sabe que responder, lo evade. Es decir, va en pos de una aventura que tal vez cree que encontrará porque tienes más de 30.

Creo que esas cosas pasan porque algunas mujeres, ahogadas en soledad, aceptan retazos de afecto de hombres así: los que de un hecho buscan una oportunidad; si se da perfecto, sino aquí no ha pasado nada y a lo que sigue…

Pero tú tienes más de 30 y eres bella, solvente, independiente, dueña de tu cuerpo y NO, no eres objeto ni trofeo. No vas por ahí aceptando la cita de ocasión. Y le diría a todas las mujeres, no sólo las de más de 30, de cualquier país que a cualquier edad y momento, se es plena, bella y con el derecho de encandecer en el placentero torrente del amor y deseo de un hombre que te ama y desea.

En situaciones así, sigue adelante, no sin antes decir un educado "no, gracias."

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