Escuchaba el estribillo de la canción de Judith de Silvio Rodríguez (Érase que se era, 2006). Dice:
"Cuida bien tus estrellas mujer,
y que nunca las pierdas..."
¿A qué se refiere? Luego de analizarlo me quedó claro que es la analogía perfecta de lo que a veces sucede después de los 30. Me explico: cuando nacemos, por nuestra humanidad somos provistos de muchas cosas mágicas y misteriosas como el amor, la emoción, la ilusión, la creatividad… y entonces es como si durante un periodo de tu existencia despidieras polvo de hadas. En esa época de tu vida todos te mueve, te ilusiona, te invita a soñar... pero un día no nos queda nada; ¡hemos dilapidado todo nuestro polvo de hadas!...
Por dolor.
Por decepción.
Porque ahora sabemos.
Porque no lo conseguimos.
Porque el mundo es así.
Como en la historia que voy a referirles…
Recientemente me reencontré con un amigo de la Universidad, o sea once upon to long ago… de la época del país de nunca jamás, de cuando los sueños significaban.
Él me gustaba. Nunca pasó de besos robados y de intensos diálogos en los que me llevaba al extremo de las emociones. Ya entonces yo suponía lo que ahora me hizo saber: su preferencia sexual por los hombres pero sobre todo, que fue la mayor sorpresa, su tendencia a la maniaco depresión. Lo que platicamos se me hizo nudo en la garganta.
Me contextualizó. Dijo que durante las primeras dos décadas de su vida, en las que no definía su preferencia, creció con ciertas estructuras: la familia, la pareja, en algún sentido la monogamia, los hijos… Luego de los veinte años y después de conocer gente que le significó mucho emocionalmente, al tiempo que le pasaron cosas que cambiaron su universo, digamos seguro (salir de la Universidad, empezar a trabajar, sumergirte en universos despiadado de mucha competencia) devino una fuerte depresión que lo llevó a terapia y finalmente su médico le detectó que es maniaco-depresivo.
En ese proceso el psicólogo lo fue guiando pero le advirtió que debería aprender a manejar sus emociones ya que si lo medicaban, le darían vuelta a todos los fármacos para finalmente no solucionar su problema con el peligro de que se suicidara… y bueno, mediante técnicas ha logrado mantenerse en la manía más que en la depresión.
Otro punto interesante es su vida amorosa. No es un caos ya que a tenidos dos parejas más o menos estables, una con la que estuvo 6 años y otro 3 años, pero el punto aquí y lo cito textualmente es que habita en "el universo más desestructurado que existe” lo cual a él le produce conflicto dado las estructuras en las que el creció; es como un ente extraño en un cosmos que diariamente se reescribe…
En ese punto de la conversación yo ya sentía mucha tristeza ya que entendí muchas cosas: sus silencios, sus hosquedades, sus cambios de carácter y me hizo rememorar cuando nos conocimos. Recuerdo que me encantó por su sonrisa que es una como lluvia fresca, pero especialmente porque irradiaba mucha, mucha luz… como si viniera de una estrella, de su estrella. Y esa luz en él, en el momento en el que lo reencontré, es apenas una pequeña flama.
Me dieron ganas (bueno, no me quedé con las ganas) de darle muchos abrazos, pero me hubiera gustado compartirle un pedacito de sol, un mucho de ternura, un por ciento de ilusión, tener un poco de esos polvos mágico de las hadas que arriba hablo y entonces rociarle y hacer que otra vez su que su estrella encandeciera… Pero no puedo hacerlo y eso me dolió.
Pienso que los amigos que compartieron contigo esa época de ilusiones y pureza (como yo veo los años de estudiante) es como si al dejarlos ahí y evocarlos, de alguna manera los estuvieras protegiendo de los sinsabores del mundo, porque los ubicas en tus sueños por siempre jamás de Neverland: sonrientes, bellos, sanos, ilusionados, enamorados… Reencontralos, saber cuánto han sufrido, verlos incandescentes me fue muy fuerte... tal vez porque en él vi reflejado un poco de mi…
Pero esta historia tiene una parte muy buena: nos hemos visto tal y como somos ahora y no obstante, me sigue pareciendo maravilloso. Y creo que nos seguimos importando. Nos hemos vuelto a reconocer, a ver, abrazarnos y eso ha sido una maravilla.
Y por supuesto sigue siendo el hombre adorable que conocí, súper varonil y con esa sonrisa que explota en carcajada y que me encanta…
"Cuida bien tus estrellas mujer,
y que nunca las pierdas..."
¿A qué se refiere? Luego de analizarlo me quedó claro que es la analogía perfecta de lo que a veces sucede después de los 30. Me explico: cuando nacemos, por nuestra humanidad somos provistos de muchas cosas mágicas y misteriosas como el amor, la emoción, la ilusión, la creatividad… y entonces es como si durante un periodo de tu existencia despidieras polvo de hadas. En esa época de tu vida todos te mueve, te ilusiona, te invita a soñar... pero un día no nos queda nada; ¡hemos dilapidado todo nuestro polvo de hadas!...
Por dolor.
Por decepción.
Porque ahora sabemos.
Porque no lo conseguimos.
Porque el mundo es así.
Como en la historia que voy a referirles…
Recientemente me reencontré con un amigo de la Universidad, o sea once upon to long ago… de la época del país de nunca jamás, de cuando los sueños significaban.
Él me gustaba. Nunca pasó de besos robados y de intensos diálogos en los que me llevaba al extremo de las emociones. Ya entonces yo suponía lo que ahora me hizo saber: su preferencia sexual por los hombres pero sobre todo, que fue la mayor sorpresa, su tendencia a la maniaco depresión. Lo que platicamos se me hizo nudo en la garganta.
Me contextualizó. Dijo que durante las primeras dos décadas de su vida, en las que no definía su preferencia, creció con ciertas estructuras: la familia, la pareja, en algún sentido la monogamia, los hijos… Luego de los veinte años y después de conocer gente que le significó mucho emocionalmente, al tiempo que le pasaron cosas que cambiaron su universo, digamos seguro (salir de la Universidad, empezar a trabajar, sumergirte en universos despiadado de mucha competencia) devino una fuerte depresión que lo llevó a terapia y finalmente su médico le detectó que es maniaco-depresivo.
En ese proceso el psicólogo lo fue guiando pero le advirtió que debería aprender a manejar sus emociones ya que si lo medicaban, le darían vuelta a todos los fármacos para finalmente no solucionar su problema con el peligro de que se suicidara… y bueno, mediante técnicas ha logrado mantenerse en la manía más que en la depresión.
Otro punto interesante es su vida amorosa. No es un caos ya que a tenidos dos parejas más o menos estables, una con la que estuvo 6 años y otro 3 años, pero el punto aquí y lo cito textualmente es que habita en "el universo más desestructurado que existe” lo cual a él le produce conflicto dado las estructuras en las que el creció; es como un ente extraño en un cosmos que diariamente se reescribe…
En ese punto de la conversación yo ya sentía mucha tristeza ya que entendí muchas cosas: sus silencios, sus hosquedades, sus cambios de carácter y me hizo rememorar cuando nos conocimos. Recuerdo que me encantó por su sonrisa que es una como lluvia fresca, pero especialmente porque irradiaba mucha, mucha luz… como si viniera de una estrella, de su estrella. Y esa luz en él, en el momento en el que lo reencontré, es apenas una pequeña flama.
Me dieron ganas (bueno, no me quedé con las ganas) de darle muchos abrazos, pero me hubiera gustado compartirle un pedacito de sol, un mucho de ternura, un por ciento de ilusión, tener un poco de esos polvos mágico de las hadas que arriba hablo y entonces rociarle y hacer que otra vez su que su estrella encandeciera… Pero no puedo hacerlo y eso me dolió.
Pienso que los amigos que compartieron contigo esa época de ilusiones y pureza (como yo veo los años de estudiante) es como si al dejarlos ahí y evocarlos, de alguna manera los estuvieras protegiendo de los sinsabores del mundo, porque los ubicas en tus sueños por siempre jamás de Neverland: sonrientes, bellos, sanos, ilusionados, enamorados… Reencontralos, saber cuánto han sufrido, verlos incandescentes me fue muy fuerte... tal vez porque en él vi reflejado un poco de mi…
Pero esta historia tiene una parte muy buena: nos hemos visto tal y como somos ahora y no obstante, me sigue pareciendo maravilloso. Y creo que nos seguimos importando. Nos hemos vuelto a reconocer, a ver, abrazarnos y eso ha sido una maravilla.
Y por supuesto sigue siendo el hombre adorable que conocí, súper varonil y con esa sonrisa que explota en carcajada y que me encanta…
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