lunes, 1 de octubre de 2007

Encontré algo que estaba buscando.

Lo que voy a referirles tiene varias lecturas: una es el final de una aventura que inició a la mitad de los años 90. La otra es dar testimonio de como hay gente que va por el mundo iluminándonos, sin hacer muchos aspavientos o sin tomar conciencia de ello.

Primero tengo que contarles que en mi trabajo tenemos de esos muebles inteligentes, en los que en una misma estructura varias personas compartimos una especie de gran escritorio; es así como a mi lado se sienta un compañero diseñador gráfico, excelente persona y colaborador, pero a diferencia de todos los demás –me incluyo- que somos parlanchines, bromistas, a veces protagónicos y tira netas, él no habla.

Por supuesto no quiero decir que esté impedido de su capacidad para hablar; lo que digo es que él se abstrae y a lo suyo. Son varias las horas que pasamos juntos en la oficina, la mayoría de las cuales él suele permanecer en silencio, ocupado en el trabajo. He llegado a la conclusión que, aunque al principio nos sacaba de onda, él es así y a lo mejor los demás somos más ordinarios y cualquier pretexto es bueno para detenernos a la chorcha, el análisis de la nota del día, la preparación de un café, la broma mañanera… luego entonces mal miramos al que no es como todos los demás.

Él no suele unirse a la chacota; llega al trabajo y a lo suyo, sin hablar.

Pero con el paso del tiempo ya nos hemos dado cuenta de que no es que sea personal u odie al mundo. No. Él es así, abstraerse es una característica de su personalidad que terminas por acostumbrarte y aceptar.

Él no habla, no se mete con nadie y ya a nadie le extraña que así sea.

Aunque no habla por supuesto no es invisible; suele escucharnos a los demás, se rie de las mensadas que decimos y está presto al trabajo en grupo. Además en su labor es en verdad muy bueno, de hecho, dado que el gerente y el coordinador del área le consideran el más talentoso de todos, por el dominio de tecnologías y su estilo en el diseño, está encargado de uno de los proyectos más importantes en mi trabajo.

Por otra parte, en este rollo de las estrategias colaborativas, se ha sumado con nosotros en el desarrollo de proyectos de edición digital, sin cobrarnos un peso y si desplegando ingenio y talento.

Es verdad que él no habla… pero se suma, apoya y aporta.

Él y yo tenemos al menos un par de años de conocernos. Y dado que por la dispocisión de los muebles, nos sentamos una al lado del otro, ya en varias ocasiones hemos tenido ocasión de entablar algunas pláticas sobre música, películas, rock, el trabajo por supuesto, algunos choros sobre cultura pop, en fin, temas varios. Al principio eran largos monólogos de mi parte, ahora son charlas en las que me comparte su punto de vista. Y un día le hablé de mi pasión por Superstar y de mi épica búsqueda de aquel mítico disco grabado en 1970 en el que Ian Gillan interpreta a las rolas que refieren a la pasión de Cristo. Fue una tarde en la que yo hablé, hablé, hablé y él me escuchó.

De eso ya hace un tiempo…

Y ¿saben qué sucedió en días pasado? Al llegar él a la oficina, a la hora acostumbrada, él se sentó como siempre en su lugar y sin más me dijo que en su memoria USB traía el disco de Superstar y que era para mí. Primero no entendí lo que me decía porque al tiempo que hablaba me estaba dando su USB… Luego comprendí. La escuchamos y resultó que es la versión de 1973 y que interpreta Ted Neeley; ¡ah que gusto me dio! Inmediatamente la cargué el disco en mi PC y ya lo quemé en un CD…

No obstante que mi búsqueda seguiría, me sentí muy contenta, pero supongo que él no y resultó que volvió a la carga y me acaba de compartir nada más y nada menos que la versión que llevo al menos 6 años buscando: Jesus Christ Superstar de Andrew Lloyd Webber, la de 1970; si ¡la de Ian Gillan!

Y en un momento, gracias a este gran amigo, tengo dos versiones y en el caso de Getsemani, tres: las 2
mejores que hay en inglés y una que yo misma encontré hace tiempo, en español, la versión que interpreta Camilo Sesto.

No puedo evitar sentir mucho más afecto por él. Es verdad: no habla, pero ¿saben qué? escucha; me ha conmovido enormemente que me haya dado esa muestra de afecto; que haya querido regalarme algo que no tengo, de inestimable valor para mí y sobre todo, que lo buscara y encontrara para mí.

Y a lo mejor para algunos parezca una situación vana, pero para mí ha sido algo muy especial y quería compartirlo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

PORQUE NO LAS SUBES?